Te apareces ante mí como un ser incompleto que busca ser rescatado de las garras del sufrimiento en soledad. Dices querer convertirte en mi espada, pero sólo me sabes herir, pues eres un arma de doble filo.
Y mis heridas se reabren cuando las creía al fin cicatrizadas. Tu impronta permanece viva y humeante en mi piel. Aunque el dolor no es el mismo, se escucha amortiguado, encerrado en lo más hondo de mi alma.