miércoles, 30 de marzo de 2016

Cenizas quedan

El dicho de que "Donde hubo fuego cenizas quedan" es casi tan cierto como mi propia existencia.

Es increíble lo fácil que resulta reavivar un foco, ya sea emocional o sexual, o con ambos componentes. Basta con una mirada, una sonrisa, un accidental (o no) roce piel con piel, un comentario... Un beso. Incluso a veces con solo imaginarlo una chispa se prende en nuestra cabeza.

Pero no es menos cierto el enunciado de que "Nunca segundas partes fueron buenas". Por ello, está bien ser conscientes de las potenciales llamas que pueden arder en nuestro interior, aunque por norma general tampoco deberíamos regarlas con gasolina, pues la hoguera podría terminar siendo letal para nosotres mismes, nuestros valores y nuestros aprendizajes.

miércoles, 9 de marzo de 2016

Soledad intelectual

¿No es la soledad intelectual una de las sensaciones más tristes y desesperanzadoras que existen? Querer comunicar algo y no saber a quién por temor a la incomprensión, al rechazo o a la ignorancia completa, a ese "ok" dicho con el silencio y no con las teclas. A esa cerrazón de oídos, pero sobre todo de mente. 

De alma.

Ya no me refiero a la posibilidad de disfrutar de la soledad por voluntad propia, pero ¿y cuando queremos compañía que nos escuche, que nos hable y no sabemos si en realidad podremos tenerla? Y ese dolor cercano al de la traición cuando al que creíamos comprender no nos comprende a nosotres ni trata siquiera de conseguirlo...

No queda amor en nuestras cabezas ni ganas de restablecerlo en algún hueco. Nos negamos a entender quejándonos de no ser entendidas y al final el círculo permanece cerrado. 

Mientras no nos abramos a entender a otras todas seguiremos igual de herméticas e incomprendidas. Lógico, ¿no?

Pero qué miedo da abrirse cuando se teme que la otra no lo haga. O peor aún, qué miedo da no ser capaces de abrirnos a personas que sí lo harían.