No hay recovecos en mi ser que no estén hechos jirones.
Y todavía desconozco por qué me importa tanto.
Sólo fue una vez más, una de tantas. Pero ésta había mucho en juego...
Mi piel, mi cuello y mi alma.
Todos están heridos, puede que de muerte.
Yo tan sólo quisiera saber volar libre adonde los patos migran.