Es amargura lo que derrochan mis palabras, sí. Es amargura lo que destilan mis ojos. Es amargura la emoción que me embarga al recordar que un día el sabor de tu existencia fue tan dulce como el agua de un manantial sonoro. Es amargura lo que ves, es amargura con lo que revisto mi cabeza. Amargo es el día nublado y la noche en solitario. Suenan amargas las notas que el pajarillo arranca de su garganta, al lado de mi ventana, mientras yo escribo sobre lo pasado y lo amargo. Las flores se marchitan, vuelven sus pétalos a la oscura soledad de sus tallos. Y yo, sin apetito alguno, me humillo en la esquina de una habitación con la esperanza de encontrar ese amor que nunca llegó a mí.
06.05.2020...que se perdió por el camino.
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