Y estás ahí. Te alejas, pero te siento cerca. Tu aliento llega a mi cuello sin yo darme cuenta. Giro la cabeza, te miro y no siento las piernas. A duras penas consigo apartar de ti la mirada, pienso que no siento nada. Sin embargo, algo dentro de mí no se calla, y me incita a perder la cordura que tanta tortura me supuso alcanzar. Días, noches, tardes de profunda agonía para volver al mismo lugar del cual yo todavía huía. A ese pozo de dulces aguas aunque turbias y umbrías.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar