Así como tantas veces prometí no volver a ti cuando decidieras darte cuenta de lo que podrías tener a mi lado, tantas veces me fallé a mí misma incumpliendo tal promesa.
Y ahora vuelvo a sentirme perdida, aunque no de la manera en que llegué a estarlo.
Perdida porque al fin compruebo que ningún esfuerzo es suficiente para hacer que alguien nos quiera como nosotros mismos.
Que uno no es correspondido casi nunca, por mucho que le aseguren que sí.
Que las palabras parecían acompañar a los actos y terminaron ambas cosas por ser inciertas. ¿Dónde se encuentra la certeza ahora? Mi corazón no la halla y mi mente se ocupa de controlar el aliento desbocado del primero.
No me quedan partes limpias de responsabilidad ni de dolor, triste es comprobar que la realidad que parecía ideal no era más que una ilusión irrealizable salvo en nuestros sueños más impuros e inconscientes.
Y vuelvo al punto (que creía era) sin retorno, sin embargo, en esta ocasión me acompañan nuevos proyectos y perspectivas.
Al menos me queda algo.
Me sigo quedando yo misma mientras tú te quedas sin mí.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Punto sin retorno
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar