El dicho de que "Donde hubo fuego cenizas quedan" es casi tan cierto como mi propia existencia.
Es increíble lo fácil que resulta reavivar un foco, ya sea emocional o sexual, o con ambos componentes. Basta con una mirada, una sonrisa, un accidental (o no) roce piel con piel, un comentario... Un beso. Incluso a veces con solo imaginarlo una chispa se prende en nuestra cabeza.
Pero no es menos cierto el enunciado de que "Nunca segundas partes fueron buenas". Por ello, está bien ser conscientes de las potenciales llamas que pueden arder en nuestro interior, aunque por norma general tampoco deberíamos regarlas con gasolina, pues la hoguera podría terminar siendo letal para nosotres mismes, nuestros valores y nuestros aprendizajes.
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