Los fantasmas del pasado son a veces tan recurrentes como algunos sueños, incluso más.
Esa parte del subconsciente que por el día calla y por la noche no otorga tregua alguna. Que se adueña de la mente y la retuerce hasta vaciarla de cualquier ánimo vital restante.
Gota a gota, noche a noche.
Y por más que trata mi voluntad de arrebatarle el poder de subyugación a tales entes desalmados, yo sigo cayendo en un abismo repleto de caricias ásperas y de sonrisas amargas. Y me postro de nuevo ante el altar de las lamentaciones.
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