En realidad no sé si fue idea mía o me lo sugirió el insomnio. Noches en vela y días eternos contando pesadillas. Una, ninguna, cienmil...
Creo que en el fondo decidí alejarte.
Apartarme de lo malo, lo que duele, lo que asfixia, lo que viola. Lo que apaga la luz cuando tengo miedo de los monstruos en las sombras.
Lo que me quita el sueño, me atormenta, me retuerce las ganas y las tira por el desagüe.
Tal vez solo quise ganarme. Recuperar mi valía, si es que alguna vez existió; ya no me acuerdo. Recordar cómo era, qué quería, qué me importaba y me hacía ser persona. Lo que me llenaba, lo que me inspiraba, lo que me sacaba brillo (a los ojos).
Devolver su aguijón a mi lengua, su fuerza a mis dientes y su hambre a mis tripas.
Seguramente pretendía curarme, pero tener que olvidarte sigue siendo la peor de las torturas. Aún espero aprender a dejarte atrás, y a quererme más, y a entender por qué el dolor no me ha hecho más fuerte todavía.
Sigo luchando conmigo misma cuando en verdad debería luchar por mí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar